Reto 2

  1. Escribe una historia sin un solo adverbio -mente.

De tardecita, después de una breve siesta, se despertó. La gata estaba a los pies de la cama, sin ánimos aparentes de levantarse. Pero Julia sabía que las nueve se acercaban, eran casi las siete de la tarde. Se destapó, y pegó un salto hacia la puerta. Fue hasta la cocina, abrió la heladera y tomó agua. Volvió al cuarto, abrió el placard, y pensó por unos segundos que ropa sería la adecuada. Buscó entre los vestidos colgados, y sacó dos: uno rojo, y otro estampado con flores. Eligió el rojo, que no se lo había puesto nunca. Pensó que era una buena ocasión, que lo ameritaba.

Se bañó, con tiempo, disfrutó la ducha mientras escuchaba música que Olivia le había recomendado, que duraba como cuarenta minutos. Lo terminó mientras se ponía crema en las piernas, se probaba el vestido frente a un espejo de cuerpo completo, y buscaba zapatos que fueran lindos y no incómodos. Maquillaje no usaba, y el pelo lo iba a tener suelto.

Ya casi lista miró la hora: diez minutos para las ocho. Otro vaso de agua. Alimentar a la gata. Regar esta planta, y esta otra. Estaba haciendo tiempo, los nervios se sentían un poco. Puso música para ambientar el lugar y para tranquilizarse un poco. Bajó las luces, puso unas un poco mas tenues. Flores no, porque a ninguna de las dos les gustaba.

Miró de nuevo el reloj, y solo eran las ocho. Una hora mas para que Olivia llegara. Una hora no era tanto. Una hora justa, porque siempre era puntual. Seguramente cinco minutos antes ya estaba en la puerta, esperando para tocar timbre. Se imaginó la situación, las dos esperando atrás de una puerta que sean las nueve, ni un minuto mas ni un minuto menos. Las dos eran muy puntales.

Fue al baño. Jabón de manos. Toalla. Papel higiénico. El piso seco. Creía que nada faltaba por si Olivia entraba. Si se quedaba mucho rato iba a ir en algún momento. Tal vez su plan no era estar mucho. Ojalá que si, la extrañaba. No se lo pensaba decir. Le daba miedo que a Olivia no le pasara lo mismo. Que se lo dijera por compromiso.

Volvió al living, se sentó en el sillón con la gata, y esperó que pasaran los minutos. Trató de no pensar mucho en el encuentro. Se sentó en el piso. La gata se fue, aburrida de que su dueña estuviera tan inquieta. Y siguió esperando que pasara el tiempo, que parecía que no avanzaba mas.

Las nueve menos cinco. Un mensaje de texto de Olivia que decía que estaba a dos cuadras. Se levantó, dio una vuelta por la casa. Abrió las cortinas de la ventana, se veía la luna llena. Tocaron la puerta, aunque esperaba el sonido del timbre. Y la abrió. Contempló la sonrisa que estaba esperando hacía horas, por unos segundos, radiante, que le estiraba la mano y le decía sin palabras, lo mucho que la había extrañado.

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